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Crisis: Nuestra compañera, hasta que la muerte nos separe.

Todos podemos reconocerla como parte de nuestra historia. Se presenta ante nosotros en varios momentos, llevándonos a hacer elecciones que de alguna manera nos trajeron aquí, al hoy que vivimos y sobre el cual tejemos nuestra existencia.


Desde su origen griego, la crisis (del verbo Krisis= decidir, elegir, y el sufijo –sis= acción) se define como la acción de decidir, tan simple como eso.


Como en el juego donde, en un punto nos encontramos frente a diversas puertas, y se debe seleccionar una para seguir avanzando. Escoger solo una, sea que sepamos o no qué hay detrás de las otras, es el camino. Incluso si solo nos quédanos frente a ellas, aparentemente sin hacer una elección, ya hemos elegido. Hemos elegido quedarnos ahí, aún en el juego pero en el mismo lugar.


Entonces, si la crisis no es otra cosa que el momento donde debe ocurrir un cambio inevitable y frente al cual se hace una elección. Si desde su esencia, es una aliada que nos muestra la caducidad de una etapa y la apertura a un momento de crecimiento y de evolución, que aparece para atender una necesidad, casi organísmica de pasar a otro momento de nuestras vidas ¿por qué muchas veces le tememos? Pudiendo llegar a quedarnos inmóviles frente a ella, como en el juego de las puertas, paralizados sin poder avanzar.


La vida nos va preparando desde que llegamos a ella, para volvernos adultos capaces de hacerle frente. Basta con hacer un rápido repaso en nuestra historia, donde cada uno de nosotros tuvo que pasar por cambios inevitables para continuar creciendo. Cambios a nivel físico, emocional, social, etc. Atravesando situaciones que ahora quizá no registremos tan claramente como crisis, pero que en su momento nos impulsaron a pasar de lo conocido y cómodo a lo desconocido e incómodo, contactándonos con la incertidumbre previa a cualquier experiencia de descubrimiento y adaptación significativa. Hablo de escenarios tan naturales como nuestro nacimiento; como pasar de estar siempre en lugares seguros y cercanos a nuestros cuidadores (normalmente padres) a tener que explorar el mundo, porque literalmente era tiempo de aprender a caminar; o de cuando tuvimos que dejar el hogar, en ese momento la única referencia, para ir al pre-escolar. Y así podemos continuar avanzando por la línea del tiempo de nuestras existencias. Encontrándonos con circunstancias en las que desde pequeños tuvimos que cambiar la relación establecida con el mundo, para contactar con otras realidades e ir construyéndonos a nosotros mismos junto con ellas. Momentos, sin los cuales no hubiéramos podido seguir avanzando.


Sin embargo, hay algo que sucede cada que aparece una nueva crisis. Cuando el cambio es inminente, con el lo que conocemos desaparece o se transforma. Parte del proceso, es aceptar que las realidades que conocemos ya no son reales, dejaron de existir o por lo menos como las conocemos, es momento de construir nuevas. Y solo pensar en eso, asusta, y más aún vivirlo y experimentarlo. Perdemos lo conocido, perdemos las certezas. Incluso si estamos ganando algo, perdemos aquello dejamos de elegir frente a eso que ahora tenemos. Perdemos la comodidad. Y perdemos la imagen que tenemos de nosotros mismos, pues dependiendo de la contexto, cambian nuestros roles, vínculos y dinámicas de vida. Sin embargo es en ese instante donde todo este caos se vuelve una oportunidad para crecer.


Cada crisis que aparece en nuestra vida nos ofrece la posibilidad de recordar que las características que nos definen solo son las que usamos frecuentemente, pero no las únicas, y por lo tanto somos más que lo que creemos que somos. El contactar con esto, nos puede convertir en personas un tanto más completas, con nuevos recursos propios disponibles y vigentes. Se inicia un tiempo para soltar los recursos que hasta hoy quizá fueron útiles, pero que a partir de este momento se vuelven obsoletos, la transición para vaciar espacio en nuestro interior y dejar energía disponible que nos permita prepara una nueva construcción de nuestro autoconcepto y la realidad que vivimos, incluso sí la realidad vista desde afuera siguiera siendo la misma, algo habrá cambiado desde nuestra forma de contactar con ella, porque por dentro hemos incorporado algo nuevo. Pudiendo, entonces entender que cuando la vida cambia y aparece una nueva crisis, esta puede ser nuestro nuevo impulso para crecer una vez más.


Gerime Correa Orosco

Psicóloga y Psicoterapeuta Gestalt

Coordinadora académica y docente




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1件のコメント


entonces la crisises el impulso a un cambio. ademas la crisisnos mueve el ego que todo no es asi que en realidad a veces vivo(vivimos) en una burbuja que creo y creemos que nomas nosotros existimos y que nuestra vida jamas terminara y cuando llega la crisis abre tus ojos y te muestra la realidad que es, eres tan vulnerable que en un cuantum cambia toda tu vida. increible. gracias GERIME por compartir

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