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La importancia de vivir el duelo

Actualizado: 15 feb 2023

El duelo sigue siendo vigente en la actualidad, el nivel de importancia es lo que se ha ido cuestionando en diversas formas de llevarlo, lo cual será necesario revisar para conocer qué tan real o preciso es vivir el duelo.

El duelo viene de la palabra en latín “dolus” que significa dolor, que viene del verbo doleré (dolor, sufrir, penar), siendo el duelo el dolor de una pérdida de algo o alguien, aunque suele entenderse en mayoría la pérdida de una persona, lo cual va más allá de eso como objetos, de ideales, trabajo, ruptura de pareja, roles entre otros; ya que vivir el duelo es proponer las sucesivas renuncias que se imponen necesariamente en el curso de toda existencia y manifestándose con reacciones emocionales que siguen a un desapego y se produce ese duelo. (Gómez, 2007)

Cuando la persona se percata del evento de pérdida, se genera en él la necesidad de darse cuenta de que ya no está en la realidad y que no regresará. Es ahí, donde aparece la confusión, un choque entre la persona y una nueva realidad, es así como se produce la ruptura del vínculo (Orejuela & García, 2011). Para el humanismo, en el duelo tiene una significancia diferente para todos, quiere decir, que depende del vínculo afectivo y la valoración que se tiene de aquello perdido.

El duelo es universal tanto como lo es la muerte, donde la vida de los seres humanos está marcada por sus diferentes duelos en determinado momento, frecuencia, edad y noción en que aparecen.

Entonces, cómo es que se vive el duelo, digamos que puede presentar en diferentes formas en función a lo antes mencionado, dentro de lo esperado se presenta en lo cognitivo: el constante pensar, recuerdos, fantasías de lo que pudo ser y pensamientos relacionados con la pérdida; en lo emocional, aparece la tristeza, enojo, culpa, resignación entre otros u la mezcla de ellos al mismo tiempo; en lo conductual, pasar tiempo con lo relacionado con lo perdido, seguir ciertos comportamientos o hechos similares, llorar, gritar, aislarse, etc. Ahora también puede presentar algunas características no esperadas, como la resistencia a sentir, hablar, expresar y evitar el dolor, esto sería parte de un bloqueo en la vivencia, o negación (parte de las etapas de duelo), que puede dar inicio del darse cuenta de la nueva realidad.

Entonces, entendiendo que es un proceso del desarrollo vital, es importante realizar un proceso donde la persona pueda separarse y establecer un nuevo vínculo, a través de rituales de separación, como los sepelios, cartas de despedida, un acto simbólico, entre otros, para que pueda llegar a la reorganización de su vida misma, dando luz a un concepto fundamental del “aquí y ahora” necesario para desarrollar la concepción de duelo y permitiendo vivenciar, percibir y explorar la relación de la readaptación de la realidad.

Para establecer esta reorganización del organismo (persona) que transita el duelo es necesario primero que pueda estar y hacer consciente el reconocimiento de sus necesidades en la vivencia del duelo, tanto en lo afectivo, corporal, psicológico y espiritual. Segundo, tendrá que satisfacer estas necesidades oportunamente para poder cerrar lo pendiente, lo inconcluso, es decir, que la satisfacción de las necesidades permiten la expresión de emociones, el contacto con el sí mismo y el entorno, conllevando a proceso de homeostático entre el ser humano y su entorno.

Para complementar lo anterior, algunos teóricos de la psicología humanista, indican que el duelo busca equilibrar y armonizar la vida de los individuos cuando se enfrentan a la pérdida y al dolor que esta puede dejar (Pérez & Atehortua, 2016). En ese orden de ideas, el ser humano está en constante búsqueda del equilibrio, porque también está en constante pérdida, no solo por muerte, sino, como se ha ido mencionando, de objetos, de ideales, entre otros.

¿Qué sucede entonces cuando no se transita el proceso de duelo?, ¿qué sucede cuando se intenta inconscientemente escapar de la vivencia?, pues empieza toda una vía de complicaciones, bloqueos, perturbaciones, sufrimiento profundo, provocando una retardo en la cicatrización, intensificando y extendiendo el proceso. Ahora no se está hablando de pasar la página o apresurar la vivencia, tratando que retome su vida cuanto antes, de eso no se trata. Pues estamos hablando de una emoción genuina y significativa como es el dolor de una pérdida, siendo necesaria vivirla respetando su tiempo y su ritmo. Dentro de lo esperado para poder decir que el duelo ha sido transitado y que ha dado paso para una reorganización y restructuración del sí mismo y el entorno es de 18 meses, si después de ello la intensidad y la extensión de las emociones sigue al mismo nivel estaríamos hablando de un duelo enquistado.

Antes de describir lo que implica el duelo enquistado es necesario, mencionar las etapas del duelo, según Elisabeth Kübler-Ross (1975) en su libro “Sobre la muerte y los moribundos” describe ampliamente las 5 etapas: Negación, rechazo consciente o inconsciente de los hechos o la realidad de la situación, omitiendo lo acontecido; ira, resentimiento hacia la persona que parte, causando dolor y culpabilidad, etapa que ayuda a acentuar el dolor; negociación, permite minimizar su sentimiento de culpa por la pérdida y finalmente la lleva a encontrar un sentido a lo que está viviendo y lo que está por vivir en el futuro; depresión; se comprende la certeza de la muerte, esas sensaciones negativas, están preparando al individuo para un cambio, donde en conclusión va a aceptar la realidad por más dolorosa que se presente y la aceptación, se empieza a tomar todo el proceso con mayor tranquilidad, logrando volver a vivir su cotidianidad un poco más centrada hacia la realidad. No olvidar que estas etapas no son lineales y tampoco tienen un orden exacto.

Retomando el concepto de duelo enquistado, se describe cuando la persona, las emociones y comportamientos permanecen intensos y se ha extendido sin variedad en la concepción de la pérdida ni como se relaciona con ella. Donde no hay conciencia o darse cuenta de la experiencia(contacto), se impide que emerja emociones o sensaciones, se fantasea constantemente con lo que pudo ser, cuando se interrumpe la expresión y cuando se bloquea la acción y la terminación(retirada). Recordemos que el contacto con el otro es indispensable para su desarrollo y su evolución.

Ahora se brinda algunas formas o herramientas que puedan realizar a fin de integrar y elaborar el duelo, propuesto por William Worden en 1982, a lo que él llama tareas que se realizan a lo largo del proceso.

La primera es 1) aceptar la realidad de la pérdida, se necesita tiempo, la celebración de rituales que favorezcan la aceptación y que representen la despedida, en función a lo cultural o individual; la conexión, contacto con el sí mismo y su emoción; 2) experimentar y elaborar el dolor tras la pérdida, es permitir estas emociones, sentimientos y pensamientos ayuda a la elaboración o transformación del duelo. Además, se trata de manifestaciones normales, adecuadas y adaptativas a la situación que se está viviendo, como escribir, hablar, ir con un profesional, todo lo que permita experimentar y expresar; 3) adaptarse al entorno, en esta tarea, y en términos de terapia gestalt, también se realiza un “ajuste creativo” al tener que adaptarse a la realidad de que el “ser o algo” ya no se encuentra física o simbólica presente en su vida. Las tareas para superar el duelo que se realizan, son adaptaciones creativas tanto a nivel interno (con uno mismo), como externo (relaciones interpersonales). En este sentido, puede resultar paradójico que las necesidades de la persona sean de aislamiento en unas ocasiones y en otras de contacto social. Sin embargo, son también necesarios los momentos de aislamiento para digerir, asimilar y encontrar significado a la pérdida. 4) encontrar una conexión y mantener un vínculo continuo con lo que perdemos. Es necesario, a pesar del vacío que deja esta ausencia, darse cuenta de que hay otros vínculos que se pueden establecer desde la experiencia, conseguir que el recuerdo tenga la connotación positiva de mantener un vínculo continuo con aquello que se perdió, es una muestra de que las tareas del duelo se han desarrollado de un modo saludable, adaptativo y creativo.

Al completar estas tareas del duelo, la persona puede reconocer la experiencia desde una nueva perspectiva que permite una reorganización interna y externa que da pie adquirir un cambio, un aprendizaje y una vivencia.

De esta manera podemos concluir que la importancia de vivir el duelo radica en todo lo que se ha ido mencionando, en la oportunidad de conectar con la situación dolorosa, vivirla, expresarla y transitarla, para continuar con nuestra existencia y aprender a convivir con ella, permitiendo la reorganización de la existencia misma. Que suele ser difícil, creerse imposible, creer que no hay nada más después de ello, y vivir las emociones de forma intensa y está bien; sin embargo, también forma parte de confiar en que todos tenemos la capacidad de autorregularnos en situaciones de crisis y readaptarnos al presente con nuevos recursos. Por qué la muerte es parte de la vida, el duelo es un proceso, no un estado.

El duelo es algo bueno. Es la forma de ir a través de las transiciones de la vida (Rick Warren).


Claudia Villarrubia Pacheco

Psicóloga y Psicoterapeuta Gestalt

Asistente docente


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